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Sunday, November 28, 2010

Edmundo Lizardi: Bajo el Asedio de los Signos

Intenso itinerario que nos deja con una sobrecarga de emociones encontradas por la convivencia con tantos pesonajes, algunos viejos conocidos, otros nuevos amigos, cada uno con su obra, con su canto de amor y desamor, de vida y muerte; con sus abrazos y sus besos, con su ausencia presente, cn su fresco testimonio de las diversas regiones de Mèxico y del extranjero de las que llegamos, acudiendo al generoso llamado del poeta Juan Manz, y de la ecritora y performera, Mara Romero, principales mantenedores de este evento ya consolidado como uno de los màs trascendentes en este paìs convulsionado por la violencia en estos tiempos usureros, sumergidos en la heladas aguas del càlculo egoísta.




El Asedio...fue inaugurado el jueves 28, en el Museo Sonora en la Revolución, mejor conocido como la Casa de Alvaro Öbregón.Allá nos esperaba el reencuentro con viejos amigos como el poeta argenmex, Eduardo Mosches, director fundador de la longeva revista literaria, con 25 años de vida, Blanco Móvil, y ex director de la librería Gandhi;y el poeta y compositor, Eduardo Langagne, junto al resto de los escritores que año con año nos damos cita en Asedios.., en Horas de Junio, en los festivales de Tijuana, más las nuevas caras como Frank Meza, el joven y magnífico poeta sinaloense, culichi; el mochitecto Alfonso Orejel, o el también joven escritor y editor morelense, Alejandro Campos Oliver, uno de los sobrervivientes de las más recientes Lunas de Octubre.




Y qué decir de la que sería una de las figuras centrales de este X Asedio: la narradora mexicana, Silvia Molina, autora de obras como La mañana debe seguir gris, Y qué hiciste del amor que me juraste, y la más reciente: Matamoros: el resplandor de la batalla, que la autora presentó el viernes en el auditorio del Museo Sonora en la Revolución.. Otros latillos fuertes fueron la conferencia ofreecida por Eduardo Langagne: Pessoa, persona de múltiples poetas, la presentación de la revista Blanco Móvil, en su 25 aniversario, y la lectura poétcia del duranguense radicado en el DF, José Angel Leyva.



Destacaron también las presentaciones de las escritoras bajacalifornianas, Karina Balderrábano, de Tijuana, y Nylsa Martínez, de Mexicali; de la jaliscience arraigada en Sonora, Elia Casillas; la obregonense, Laura Delia Quintero, y, desde luego, la de los anfitriones: Juan Manz, Mara Romero, y el joven poeta, Ismael Serna.



Y después de cada jornada literaria, los convivios, con música en vivo, cena, vino, cerveza y bacanora.



El baile, la fiesta, el convivio. Grupos rockeros, con puros clásicos de los sesenta y setenta, y de música latinoamericana, baladas de Sabina, boleros, rancheras.



La noche del sábado, en el jardín del Hotel Valle Grande, fue de antología, por los palomazos a cargo Langagne , autor de La Catrina, quien se deschongó con Feelling alright; el poeta hermosillense, Elmer Tabanico, con puras oldies("Marý es mi amor..."); José Angel Leyva, Ignacio Mondaca, director del ISC(puro Serrat), y el de la VOZ: Stand by me, Popotitos, Cantares, Mucho corazón...entre otros temas. Y para la clausura, la representación de un ritual yaqui, luego de una comida y cena con platillos típicos de ese indomable pueblo cuya sangre me corre en las venas a través de mi abuelo paterno.



Y el regreso al hotel en el autobús de Asedios...Vamos bajando la cuesta, que arriba en mi calle, se acabó la fiesta..

Octavio Paz

Vine aquí


como escribo estas líneas,

sin idea fija:

una mezquita azul y verde,

seis minaretes truncos,

dos o tres tumbas,

memorias de un poeta santo,

los nombres de Timur y su linaje.



Encontré al viento de los cien días.

Todas las noches las cubrió de arena,

acosó mi frente, me quemó los párpados.

La madrugada:

dispersión de pájaros

y ese rumor de agua entre piedras

que son los pasos campesinos.

(Pero el agua sabía a polvo.)

Murmullos en el llano,

apariciones

desapariciones,

ocres torbellinos

insubstanciales como mis pensamientos.

Vueltas y vueltas

en un cuarto de hotel o en las colinas:

la tierra un cementerio de camellos

y en mis cavilaciones siempre

los mismos rostros que se desmoronan.

¿El viento, el señor de las ruinas,

es mi único maestro?

Erosiones:

el menos crece más y más.



En la tumba del santo,

hondo en el árbol seco,

clavé un clavo,



no,

como los otros, contra el mal de ojo:

contra mí mismo.

(Algo dije:

palabras que se lleva el viento.)



Una tarde pactaron las alturas.

Sin cambiar de lugar

caminaron los chopos.

Sol en los azulejos

súbitas primaveras.

En el Jardín de las Señoras

subí a la cúpula turquesa.

Minaretes tatuados de signos:

la escritura cúfica, más allá de la letra,

se volvió transparente.

No tuve la visión sin imágenes,

no vi girar las formas hasta desvanecerse

en claridad inmóvil,

el ser ya sin substancia del sufí.

No bebí plenitud en el vacío

ni vi las treinta y dos señales

del Bodisatva cuerpo de diamante.

Vi un cielo azul y todos los azules,

del blanco al verde

todo el abanico de los álamos

y sobre el pino, más aire que pájaro,

el mirlo blanquinegro.

Vi al mundo reposar en sí mismo.

Vi las apariencias.

Y llame a esa media hora:

Perfección de lo Finito.

Monday, November 22, 2010

Navojoa Festival de Títeres

Enviamos la programación del Festival en Navojoa, agradeceríamos mucho que la distribuyan entre sus contactos de la región sur de Sonora, tenemos además información de las actividades en Obregón, Guaymas, Hermosillo y Nogales!!!
Mas información en:

http://www.facebook.com/profile.php?id=100000298835773¬if_t=friend_confirmed#!/pages/Navojoa-Festival-de-Titeres/169142556445026

http://www.festivalpedrocarreon.com/


Programación Navojoa


Gran Inauguración

Día 28 de noviembre en los Domingos Culturales, Plaza 5 de Mayo, a partir de las 18:00 horas con los grupos La Cucaracha, La Cartelera, Delta Teatro y por primera vez un grupo local, Desierto Teatro de Navojoa, Sonora.


Lunes 29 de Noviembre

Grupo: La Cucaracha (Guadalajara).

Espectáculo: La Tierra de Arena

Teatro Auditorio Municipal, 8:30, 10:00 y 18:00 horas

Martes 30 de Noviembre

Grupo: El Guiño del Guiñol (Colombia).

Espectáculo: El último árbol

Teatro Auditorio Municipal, 10:00, 16:00 y 18:00 horas


Funciones comunitarias, Santa María del Buaraje.

Miércoles 01 de Diciembre

Grupo: Tico Títeres (Costa Rica)

Espectáculo: De abuelos y locos todos tenemos un poco

Teatro Auditorio Municipal 18:00 horas

Grupo: La Loca Compañía (Colombia).

Espectáculo: En la diestra de Dios padre

Fondas del Mercado Municipal 19:30

“De Fiesta en las Fondas”

Jueves 02 de Diciembre

Grupo: Paolo Papparotto Burattinaio

Espectáculo: La Bruja Rosega Ramarri

Teatro Auditorio Municipal 18:00 horas

Funciones comunitarias San Ignacio.

Viernes 03 de Diciembre



Grupo: Vagabundo Títeres (Chile)



Espectáculo: El Fantasma de Cantervilla



Teatro Auditorio Municipal 18:00 horas







Funciones comunitarias Bacabachi y Tesia.


Sábado 04 de Diciembre

Grupo: Delta Teatro

Espectáculo: El Principito pide una mano



Teatro Auditorio Municipal 18:00 horas.







Fin de Fiesta con la presentación de la Pastorela “Donde Diablos Está Belén”, con el grupo Delta Teatro, Pastorela Mexicana a dos caídas de tres sin límite de tiempo.
Explanada del Teatro Auditorio Municipal al finalizar el espectáculo anterior.

(Más información en Facebook, síguenos en Navojoa Festival de Títeres).

Saturday, November 20, 2010

Octavio Paz - Pasado en claro

Octavio Paz - Pasado en claro
                                                                                                                              A Roman Jakobson


Oídos con el alma,

pasos mentales más que sombras,

sombras del pensamiento más que pasos,

por el camino de ecos

que la memoria inventa y borra:

sin caminar caminan

sobre este ahora, puente

tendido entre una letra y otra.

Como llovizna sobre brasas

dentro de mí los pasos pasan

hacia lugares que se vuelven aire.

Nombres: en una pausa

desaparecen, entre dos palabras.

El sol camina sobre los escombros

de lo que digo, el sol arrasa los parajes

confusamente apenas

amaneciendo en esta página,

el sol abre mi frente,

balcón al voladero

dentro de mí.



Me alejo de mí mismo,

sigo los titubeos de esta frase,

senda de piedras y de cabras.

Relumbran las palabras en la sombra.

Y la negra marea de las sílabas

cubre el papel y entierra

sus raíces de tinta

en el subsuelo del lenguaje.

Desde mi frente salgo a un mediodía

del tamaño del tiempo.

El asalto de siglos del baniano

contra la vertical paciencia de la tapia

es menos largo que esta momentánea

bifurcación del pesamiento

entre lo presentido y lo sentido.

Ni allá ni aquí: por esa linde

de duda, transitada

sólo por espejeos y vislumbres,

donde el lenguaje se desdice,

voy al encuentro de mí mismo.

La hora es bola de cristal.

Entro en un patio abandonado:

aparición de un fresno.

Verdes exclamaciones

del viento entre las ramas.

Del otro lado está el vacío.

Patio inconcluso, amenazado

por la escritura y sus incertidumbres.

Ando entre las imágenes de un ojo

desmemoriado. Soy una de sus imágenes.

El fresno, sinuosa llama líquida,

es un rumor que se levanta

hasta volverse torre hablante.

Jardín ya matorral: su fiebre inventa bichos

que luego copian las mitologías.

Adobes, cal y tiempo:

entre ser y no ser los pardos muros.

Infinitesimales prodigios en sus grietas:

el hongo duende, vegetal Mitrídates,

la lagartija y sus exhalaciones.

Estoy dentro del ojo: el pozo

donde desde el principio un niño

está cayendo, el pozo donde cuento

lo que tardo en caer desde el principio,

el pozo de la cuenta de mi cuento

por donde sube el agua y baja

mi sombra.



El patio, el muro, el fresno, el pozo

en una claridad en forma de laguna

se desvanecen. Crece en sus orillas

una vegetación de transparencias.

Rima feliz de montes y edificios,

se desdobla el paisaje en el abstracto

espejo de la arquitectura.

Apenas dibujada,

suerte de coma horizontal (-)

entre el cielo y la tierra,

una piragua solitaria.

Las olas hablan nahua.

Cruza un signo volante las alturas.

Tal vez es una fecha, conjunción de destinos:

el haz de cañas, prefiguración del brasero.

El pedernal, la cruz, esas llaves de sangre

¿alguna vez abrieron las puertas de la muerte?

La luz poniente se demora,

alza sobre la alfombra simétricos incendios,

vuelve llama quimérica

este volumen lacre que hojeo

(estampas: los volcanes, los cúes y, tendido,

manto de plumas sobre el agua,

Tenochtitlán todo empapado en sangre).

Los libros del estante son ya brasas

que el sol atiza con sus manos rojas.

Se rebela el lápiz a seguir el dictado.

En la escritura que la nombra

se eclipsa la laguna.

Doblo la hoja. Cuchicheos:

me espían entre los follajes

de las letras.

Un charco es mi memoria.

Lodoso espejo: ¿dónde estuve?

Sin piedad y sin cólera mis ojos

me miran a los ojos

desde las aguas turbias de ese charco

que convocan ahora mis palabras.

No veo con los ojos: las palabras

son mis ojos. vivimos entre nombres;

lo que no tiene nombre todavía

no existe: Adán de lodo,

No un muñeco de barro, una metáfora.

Ver al mundo es deletrearlo.

Espejo de palabras: ¿dónde estuve?

Mis palabras me miran desde el charco

de mi memoria. Brillan,

entre enramadas de reflejos,

nubes varadas y burbujas,

sobre un fondo del ocre al brasilado,

las sílabas de agua.

Ondulación de sombras, visos, ecos,

no escritura de signos: de rumores.

Mis ojos tienen sed. El charco es senequista:

el agua, aunque potable, no se bebe: se lee.

Al sol del altiplano se evaporan los charcos.

Queda un polvo desleal

y unos cuantos vestigios intestados.

¿Dónde estuve?
Yo estoy en donde estuve:

entre los muros indecisos

del mismo patio de palabras.

Abderramán, Pompeyo, Xicoténcatl,

batallas en el Oxus o en la barda

con Ernesto y Guillermo. La mil hojas,

verdinegra escultura del murmullo,

jaula del sol y la centella

breve del chupamirto: la higuera primordial,

capilla vegetal de rituales

polimorfos, diversos y perversos.

Revelaciones y abominaciones:

el cuerpo y sus lenguajes

entretejidos, nudo de fantasmas

palpados por el pensamiento

y por el tacto disipados,

argolla de la sangre, idea fija

en mi frente clavada.

El deseo es señor de espectros,

somos enredaderas de aire

en árboles de viento,

manto de llamas inventado

y devorado por la llama.

La hendedura del tronco:

sexo, sello, pasaje serpentino

cerrado al sol y a mis miradas,

abierto a las hormigas.
La hendedura fue pórtico

del más allá de lo mirado y lo pensado:

allá dentro son verdes las mareas,

la sangre es verde, el fuego verde,

entre las yerbas negras arden estrellas verdes:

es la música verde de los élitros

en la prístina noche de la higuera;

-allá dentro son ojos las yemas de los dedos,

el tacto mira, palpan las miradas,

los ojos oyen los olores;

-allá dentro es afuera,

es todas partes y ninguna parte,

las cosas son las mismas y son otras,

encarcelado en un icosaedro

hay un insecto tejedor de música

y hay otro insecto que desteje

los silogismos que la araña teje

colgada de los hilos de la luna;

-allá dentro el espacio

en una mano abierta y una frente

que no piensa ideas sino formas

que respiran, caminan, hablan, cambian

y silenciosamente se evaporan;

-allá dentro, país de entretejidos ecos,

se despeña la luz, lenta cascada,

entre los labios de las grietas:

la luz es agua, el agua tiempo diáfano

donde los ojos lavan sus imágenes;

-allá dentro los cables del deseo

fingen eternidades de un segundo

que la mental corriente eléctrica

enciende, apaga, enciende,

resurrecciones llameantes

del alfabeto calcinado;

-no hay escuela allá dentro,

siempre es el mismo día, la misma noche siempre,

no han inventado el tiempo todavía,

no ha envejecido el sol,

esta nieve es idéntica a la yerba,

siempre y nunca es lo mismo,

nunca ha llovido y llueve siempre,

todo está siendo y nunca ha sido,

pueblo sin nombre de las sensaciones,

nombres que buscan cuerpo,

impías transparencias,

jaulas de claridad donde se anulan

la identidad entre sus semejanzas,

la diferencia en sus contradicciones.

La higuera, sus falacias y su sabiduría:

prodigios de la tierra

-fidedignos, puntuales, redundantes-

y la conversación con los espectros.

Aprendizajes con la higuera:

hablar con vivos y con muertos.

También conmigo mismo.
La procesión del año:

cambios que son repeticiones.

El paso de las horas y su peso.

La madrugada: más que luz, un vaho

de claridad cambiada en gotas grávidas

sobre los vidrios y las hojas:

el mundo se atenúa

en esas oscilantes geometrías

hasta volverse el filo de un reflejo.

Brota el día, prorrumpe entre las hojas

gira sobre sí mismo

y de la vacuidad en que se precipita

surge, otra vez corpóreo.

El tiempo es luz filtrada.

Revienta el fruto negro

en encarnada florescencia,

la rota rama escurre savia lechosa y acre.

Metamorfosis de la higuera:

si el otoño la quema, su luz la transfigura.

Por los espacios diáfanos

se eleva descarnada virgen negra.

El cielo es giratorio lapizlázuli:

viran au ralenti, sus continentes,

insubstanciales geografías.

Llamas entre las nieves de las nubes.

La tarde más y más es miel quemada.

Derrumbe silencioso de horizontes:

la luz se precipita de las cumbres,

la sombra se derrama por el llano.

A la luz de la lámpara –la noche

ya dueña de la casa y el fantasma

de mi abuelo ya dueño de la noche-

yo penetraba en el silencio,

cuerpo sin cuerpo, tiempo

sin horas. Cada noche,

máquinas transparentes del delirio,

dentro de mí los libros levantaban

arquitecturas sobre una sima edificadas.

Las alza un soplo del espíritu,

un parpadeo las deshace.

Yo junté leña con los otros

y lloré con el humo de la pira

del domador de potros;

vagué por la arboleda navegante

que arrastra el Tajo turbiamente verde:

la líquida espesura se encrespaba

tras de la fugitiva Galatea;

vi en racimos las sombras agolpadas

para beber la sangre de la zanja:

mejor quebrar terrones

por la ración de perro del labrador avaro

que regir las naciones pálidas de los muertos;

tuve sed, vi demonios en el Gobi;

en la gruta nadé con la sirena

(y después, en el sueño purgativo,

fendendo i drappi, e mostravami’l ventre,

quel mí svegliò col puzzo che n’nuscia);

grabé sobre mi tumba imaginaria:

no muevas esta lápida,

soy rico sólo en huesos;

aquellas memorables

pecosas peras encontradas

en la cesta verbal de Villaurrutia;

Carlos Garrote, eterno medio hermano,

Dios te salve, me dijo al derribarme

y era, por los espejos del insomnio

repetido, yo mismo el que me hería;

Isis y el asno Lucio; el pulpo y Nemo;

y los libros marcados por las armas de Príapo,

leídos en las tardes diluviales

el cuerpo tenso, la mirada intensa.

Nombres anclados en el golfo

de mi frente: yo escribo porque el druida,

bajo el rumor de sílabas del himno,

encina bien plantada en una página,

me dio el gajo de muérdago, el conjuro

que hace brotar palabras de la peña.

Los nombres acumulan sus imágenes.

Las imágenes acumulan sus gaseosas,

conjeturales confederaciones.

Nubes y nubes, fantasmal galope

de las nubes sobre las crestas

de mi memoria. Adolescencia,

país de nubes.

Casa grande,

encallada en un tiempo

azolvado. La plaza, los árboles enormes

donde anidaba el sol, la iglesia enana

-su torre les llegaba a las rodillas

pero su doble lengua de metal

a los difuntos despertaba.

Bajo la arcada, en garbas militares,

las cañas, lanzas verdes,

carabinas de azúcar;

en el portal, el tendejón magenta:

frescor de agua en penumbra,

ancestrales petates, luz trenzada,

y sobre el zinc del mostrador,

diminutos planetas desprendidos

del árbol meridiano,

los tejocotes y las mandarinas,

amarillos montones de dulzura.

Giran los años en la plaza,

rueda de Santa Catalina,

y no se mueven.



Mis palabras,

al hablar de la casa, se agrietan.

Cuartos y cuartos, habitados

sólo por sus fantasmas,

sólo por el rencor de los mayores

habitados. Familias,

criaderos de alacranes:

como a los perros dan con la pitanza

vidrio molido, nos alimentan con sus odios

y la ambición dudosa de ser alguien.

También me dieron pan, me dieron tiempo,

claros en los recodos de los días,

remansos para estar solo conmigo.

Niño entre adultos taciturnos

y sus terribles niñerías,

niño por los pasillos de altas puertas,

habitaciones con retratos,

crepusculares cofradías de los ausentes,

niño sobreviviente

de los espejos sin memoria

y su pueblo de viento:

el tiempo y sus encarnaciones

resuelto en simulacros de reflejos.

En mi casa los muertos eran más que los vivos.

Mi madre, niña de mil años,

madre del mundo, huérfana de mí,

abnegada, feroz, obtusa, providente,

jilguera, perra, hormiga, jabalina,

carta de amor con faltas de lenguaje,

mi madre: pan que yo cortaba

con su propio cuchillo cada día.

Los fresnos me enseñaron,

bajo la lluvia, la paciencia,

a cantar cara al viento vehemente.

Virgen somnílocua, una tía

me enseñó a ver con los ojos cerrados,

ver hacia dentro y a través del muro.

Mi abuelo a sonreír en la caída

y a repetir en los desastres: al hecho, pecho.

(Esto que digo es tierra

sobre tu nombre derramada: blanda te sea.)

Del vómito a la sed,

atado al potro del alcohol,

mi padre iba y venía entre las llamas.

Por los durmientes y los rieles

de una estación de moscas y de polvo

una tarde juntamos sus pedazos.

Yo nunca pude hablar con él.

Lo encuentro ahora en sueños,

esa borrosa patria de los muertos.

Hablamos siempre de otras cosas.

Mientras la casa se desmoronaba

yo crecía. Fui (soy) yerba, maleza

entre escombros anónimos.

Días

como una frente libre, un libro abierto.

No me multiplicaron los espejos

codiciosos que vuelven

cosas los hombres, número las cosas:

ni mando ni ganancia. La santidad tampoco:

el cielo para mí pronto fue un cielo

deshabitado, una hermosura hueca

y adorable. Presencia suficiente,

cambiante: el tiempo y sus epifanías.

No me habló dios entre las nubes:

entre las hojas de la higuera

me habló el cuerpo, los cuerpos de mi cuerpo.

Encarnaciones instantáneas:

tarde lavada por la lluvia,

luz recién salida del agua,

el vaho femenino de las plantas

piel a mi piel pegada: ¡súcubo!

-como si al fin el tiempo coincidiese

consigo mismo y yo con él,

como si el tiempo y sus dos tiempos

fuesen un solo tiempo

que ya no fuese tiempo, un tiempo

donde siempre es ahora y a todas horas siempre,

como si yo y mi doble fuesen uno

y yo no fuese ya.

Granada de la hora: bebí sol, comí tiempo.

Dedos de luz abrían los follajes.

Zumbar de abejas en mi sangre:

el blanco advenimiento.

Me arrojó la descarga

a la orilla más sola. Fui un extraño

entre las vastas ruinas de la tarde.

Vértigo abstracto: hablé conmigo,

fui doble, el tiempo se rompió.
Atónita en lo alto del minuto

la carne se hace verbo –y el verbo se despeña.

Saberse desterrado en la tierra, siendo tierra,

es saberse mortal. Secreto a voces

y también secreto vacío, sin nada adentro:

no hay muertos, sólo hay muerte, madre nuestra.

Lo sabía el azteca, lo adivinaba el griego:

el agua es fuego y en su tránsito

nosotros somos sólo llamaradas.

La muerte es madre de las formas…

El sonido, bastón de ciego del sentido:

escribo muerte y vivo en ella

por un instante. Habito su sonido:

es un cubo neumático de vidrio,

vibra sobre esta página,

desaparece entre sus ecos.

Paisajes de palabras:

los despueblan mis ojos al leerlos.

No importa: los propagan mis oídos.

Brotan allá, en las zonas indecisas

del lenguaje, palustres poblaciones.

Son criaturas anfibias, con palabras.

Pasan de un elemento a otro,

se bañan en el fuego, reposan en el aire.

Están del otro lado. No las oigo, ¿qué dicen?

No dicen: hablan, hablan.
Salto de un cuento a otro

por un puente colgante de once sílabas.

Un cuerpo vivo aunque intangible el aire,

en todas partes siempre y en ninguna.

Duerme con los ojos abiertos,

se acuesta entre las yerbas y amanece rocío,

se persigue a sí mismo y habla solo en los túneles,

es un tornillo que perfora montes,

nadador en la mar brava del fuego

es invisible surtidor de ayes

levanta a pulso dos océanos,

anda perdido por las calles

palabra en pena en busca de sentido,

aire que se disipa en aire.

¿Y para qué digo todo esto?

Para decir que en pleno mediodía

el aire se poblaba de fantasmas,

sol acuñado en alas,

ingrávidas monedas, mariposas.

Anochecer. En la terraza

oficiaba la luna silenciaria.

La cabeza de muerto, mensajera

de las ánimas, la fascinante fascinada

por las camelias y la luz eléctrica,

sobre nuestras cabezas era un revoloteo

de conjuros opacos. ¡Mátala!

gritaban las mujeres

y la quemaban como bruja.

Después, con un suspiro feroz, se santiguaban.

Luz esparcida, Psiquis…

¿Hay mensajeros? Sí,

cuerpo tatuado de señales

es el espacio, el aire es invisible

tejido de llamadas y respuestas.

Animales y cosas se hacen lenguas,

a través de nosotros habla consigo mismo

el universo. Somos un fragmento

-pero cabal en su inacabamiento-

de su discurso. Solipsismo

coherente y vacío:

desde el principio del principio

¿qué dice? Dice que nos dice.

Se lo dice a sí mismo. Oh madness of discourse,

that cause sets up with and against itself!

Desde lo alto del minuto

despeñado en la tarde plantas fanerógamas

me descubrió la muerte.

Y yo en la muerte descubrí al lenguaje.

El universo habla solo

pero los hombres hablan con los hombres:

hay historia. Guillermo, Alfonso, Emilio:

el corral de los juegos era historia

y era historia jugar a morir juntos.

La polvareda, el grito, la caída:

algarabía, no discurso.

En el vaivén errante de las cosas,

por las revoluciones de las formas

y de los tiempos arrastradas,

cada una pelea con las otras,

cada una se alza, ciega, contra sí misma.

Así, según la hora cae desen-

lazada, su injusticia pagan. (Anaximandro.)

La injusticia de ser: las cosas sufren

unas con otras y consigo mismas

por ser un querer más, siempre ser más que más.

Ser tiempo es la condena, nuestra pena es la historia.

Pero también es el lugar de prueba:

reconocer en el borrón de sangre

del lienzo de Verónica la cara

del otro-siempre el otro es nuestra víctima.

Túneles, galerías de la historia

¿sólo la muerte es puerta de salida?

El escape, quizás, es hacia dentro.

Purgación del lenguaje, la historia se consume

en la disolución de los pronombres:

ni yo soy ni yo más sino más ser sin yo.

En el centro del tiempo ya no hay tiempo,

es movimiento hecho fijeza, círculo

anulado en sus giros.

Mediodía:

llamas verdes los árboles del patio.

Crepitación de brasas últimas

entre la yerba: insectos obstinados.

Sobre los prados amarillos

claridades: los pasos de vidrio del otoño.

Una congregación fortuita de reflejos,

pájaro momentáneo,

entra por la enramada de estas letras.

El sol en mi escritura bebe sombra.

Entre muros –de piedra no:

por la memoria levantados-

transitoria arboleda:

luz reflexiva entre los troncos

y la respiración del viento.

El dios sin cuerpo, el dios sin nombre

que llamamos con nombres

vacíos –con los nombres del vacío-,

el dios del tiempo, el dios que es tiempo,

pasa entre los ramajes

que escribo. Dispersión de nubes

sobre un espejo neutro:

en la disipación de las imágenes

el alma es ya, vacante, espacio puro.

En quietud se resuelve el movimiento.

Insiste el sol, se clava

en la corola de la hora absorta.

Llama en el tallo de agua

de las palabras que la dicen,

la flor es otro sol.

La quietud en sí misma

se disuelve. Transcurre el tiempo

sin transcurrir. Pasa y se queda. Acaso,

aunque todos pasamos, no pasa ni se queda:

hay un tercer estado.

Hay un estar tercero:

el ser sin ser, la plenitud vacía,

hora sin horas y otros nombres

con que se muestra y se dispersa

en las confluencias del lenguaje

no la presencia: su presentimiento.

Los nombres que la nombran dicen: nada,

palabras de dos filos, palabra entre dos huecos.

Su casa, edificada sobre el aire

con ladrillos de fuego y muros de agua,

se hace y se deshace y es la misma

desde el principio. Es dios:

habita nombres que lo niegan.

En las conversaciones con la higuera

o entre los blancos del discurso,

en la conjuración de las imágenes

contra mis párpados cerrados

el desvarío de las simetrías,

los arenales del insomnio,

el dudoso jardín de la memoria

o en los senderos divagantes

era el eclipse de las claridades.

Aparecía en cada forma

de desvanecimiento.
Dios sin cuerpo,

con lenguajes de cuerpo lo nombraban

mis sentidos. Quise nombrarlo

con un nombre solar,

una palabra sin revés.

Fatigué el cubilete y el ars combinatoria.

Una sonaja de semillas secas

las letras rotas de los nombres:

hemos quebrantado a los nombres

hemos deshonrado a los nombres.

Ando en busca del nombre desde entonces.

Me fui tras un murmullo de lenguajes,

ríos entre los pedregales

color ferrigno de estos tiempos.

Pirámides de huesos, pudrideros verbales:

nuestros señores son gárrulos y feroces.

Alcé con las palabras y sus sombras

una casa ambulante de reflejos

torre que anda, construcción en viento.

El tiempo y sus combinaciones:

los años y los muertos y las sílabas,

cuentos distintos de la misma cuenta.

Espiral de los ecos, el poema

es aire que se esculpe y se disipa,

fugaz alegoría de los nombres

verdaderos. A veces la página respira:

los enjambres de signos, las repúblicas

errantes de sonidos y sentidos,

en rotación magnética se enlazan y dispersan

sobre el papel.

Estoy en donde estuve:

voy detrás del murmullo,

pasos dentro de mí, oídos con los ojos,

el murmullo es mental, yo soy mis pasos,

oigo las voces que yo pienso,

las voces que me piensan al pensarlas.

Soy la sombra que arrojan mis palabras.



México, FCE, 1975/1985

Wednesday, November 17, 2010

La Otra-Gaceta 44- revista de Poesía+ artes visuales+otras letras‏

Dos Crónicas de “Bajo el asedio de los signos”


En Ciudad Obregón, o como gusta llamarle a los locales, Cajeme, Sonora, tuvo lugar el encuentro de escritores. Estas son dos visiones de Carlos Sánchez y José Luis Amparo.











Asedio y signos: encuentro de escritores

Carlos Sanchez

02/Noviembre/2010







Empezó el asedio de los signos / la escritura de sangre / de la estrella en el cielo…

(Repaso nocturno, Octavio Paz)







Carlos Sánchez

El Chebo sale de su celda, va hacia el área de indiciados, después de librar una puerta reja, se encamina hacia otra área donde habrá de librar una reja más. Avanza hacia el área escolar de la penitenciaria, hacia un espacio donde semanalmente se reúnen para leer, conversar, escribir.



Este viernes es distinto para el Chebo, porque le han dicho que un escritor venido de la capital del estado dará una charla sobre el oficio de la literatura. La charla es en el marco del Octavo Encuentro Internacional de Escritores Bajo el Asedio de los Signos, convocado, organizado, por escritores de Cajeme, Sonora.



En el área escolar, un cuarto diminuto donde las lámparas no funcionan, el Chebo, junto a otros siete internos, abre sus oídos, escucha una historia en un audio desde una computadora, mientras un piano de fondo acompaña el contenido literario que emerge desde las bocinas que otro interno facilitó a Christel y Sofía, organizadoras de la charla. Profesionales del compromiso para con los otros.



El Chebo es inquieto, al final de la historia en audio levanta la mano, pide permiso para preguntar, pregunta, después comenta, con la voz, con los ojos, con las manos. Y concluye que ahora sabe que un escritor no necesariamente debe ser periodista o licenciado para poder escribir. El Chebo es panadero, y cuando puede reparte el pan entre los que no tienen visita, como esa tarde, en la que aprovecha la necesidad de un movimiento técnico para ir a su celda, y después volver a la charla y contar lo que hace unos instantes vivió con unos cholos que le pidieron pan. El Chebo no lo supo, o tal vez sí, pero su historia fue tan elocuente e interesante, como la que el escritor les compartió en un par de horas. O tal vez mucho más interesante.



El encuentro de escritores Bajo el Asedio de los Signos, tiene eso: el tino de ir a estos lugares, en los que también la palabra es necesaria como un vehículo para entender la vida, ofrecer la vida.



Es viernes por la tarde, antes de caer el sol, escritores de diversos puntos del estado de Sonora, de diversos puntos del país, de otros países, incluso, conviven y ofrecen fragmentos de sus obras. En el Museo de la Revolución, en Ciudad Obregón, y en un rincón bajo el cielo, las voces ofrecen poesía, narrativa, metáforas e imágenes, cantos y toques de actuación. Recursos para decir el pensamiento, las obsesiones, el deseo, los desconsuelos, la esperanza, los imposibles y posibles: mostrar lo que acontece es competencia del escritor, ya lo dijo Rafael Ramírez Heredia, y en este Asedio de letras la muestra se diversifica.



Es viernes y la noche también pertenece al día y a la palabra. La dramaturgia celebra a un escritor oriundo de Obregón, Aldo León Flores, quien con su obra se hace presente en el Asedio, no obstante con el cuerpo es ausencia, porque en una cama de hospital la escenografía le tuvo un lugar reservado a su presencia. Aldo padece del páncreas, como padece el oficio de la escritura, y por eso lo ejerce. Porque la literatura es sanar el alma, y los escritores, familiares, reunidos están ahora para reconocer los personajes de Aldo y premiarlo por su obra Zapata ¿a dónde vas?, con la cual se convirtió en ganador del Concurso del Libro Sonorense. Y esta noche su esposa ha venido a recibir la constancia y el premio que son dineros y el compromiso de la publicación, divulgación, de la obra.



Aldo está allá, dentro de los personajes que enfrentan batallas, en una lucha en la que aspira, aspiramos, tener un final feliz. La celebración en su nombre es un vaho que vuela sobre el viento, el reconocerlo es también el deseo de que sus letras le fortalezcan para seguir diciendo.



Es viernes y la tertulia es una orquesta de motivos para la emoción. Ya hay toquidos de tambores, notas de rolas oldies, un trompo que gira para sazonar la carne y el apetito presto. Es viernes y después de la jornada, en torno a una alberca de hotel, la cerveza es comparsa para la continuación de las palabras, amistades que se fundan, coincidencias que se extienden, toma de nota y dirección para mantener la comunicación. Los escritores apuntan nuevos nombres en sus nóminas de camaradas.



Obregón amanece y es una olla de birria, dos campechanas, tacos de cabeza, carne asada. Obregón amanece en sábado y es la resaca de la bohemia. En el hotel Valle Grande un jugo de naranja, café, mitigan los dolores de cabeza de los escritores.

Obregón en la noche previa fue un hot dog en la esquina, ahora de mañana es la noticia de ocho en los diarios estatales que informan la detención de connotado empresario y pareja de una cantante de prestigio. Obregón sigue en sus latidos el curso de la vida. Por las calles el ruido de motores es la velocidad hacia el seguir viviendo.



Aquí la historia de identidad es precisa, se tiene el valle y el esfuerzo, un prócer con carácter yaqui, Cajeme para saber que se levanta la mano si de manifestarse se trata. Obregón es también una mañana de tianguis donde la oferta es además del empleo, las historias de búsqueda porque los pesos son argumento de manutención.



Sábado por la mañana y ya los escritores continúan en su Asedio, toman de escenario el auditorio de la Biblioteca Pública Jesús Corral Ruiz. Leen y escuchan, a intervalos se carcajean, o guardan silencio por el impacto de la historia en el aire. En el umbral hay libros, mesas para el regocijo de los ojos, dubitativa actitud al momento de elegir. Porque la oferta también se diversifica. Es sábado y ya se acerca la hora de escuchar la historia de un poeta portugués, Fernando Pessoa, en voz de un poeta mexicano: Eduardo Langagne. Después de la conferencia, charla, cita de poemas y heterónimos del escritor portugués, los escritores refrendan la magnitud del poeta de marras.



La noche desinhibe. Después de la poesía en voz (y desde su autoría), de Laura Delia Quintero, el auditorio quedó impávido. Certera construcción de versos de la maestra. Y los aplausos como gratitud.



La noche refresca el deseo del cuerpo. En el jardín del hotel un grupo de muchachos con gustos de canciones viejas, hace su mejor esfuerzo. No falta el poeta que levanta sus brazos y las rodillas, da media vuelta y ya va la dama que también escribe para manifestar la emoción con el cuerpo, lo acompaña, se aparejan, bailan. Bailan y parecen un reencuentro de dos enamorados. Bailan y se miran, se multiplican de felicidad en las sonrisas.



De pronto más desinhibición y ya muchos bailan, el vino sobre la mesa aguarda, los que no se animan a entrar con sus pasos en el césped del divertimento, observan con fruición y son niños felices de tanto ritmo.



El Asedio del placer en el cuerpo es la consecuencia de las notas construyendo rolas oldies. No falta el poeta que toma la lira y canta. No está ausente el intelectual que haciendo su mejor esfuerzo también se divierte, aunque sean sus pasos un tropiezo tras otro. Bailar es la consigna. Que también es crear un poema con los pies, un cuento con el movimiento de brazos y caderas. Muévanse todos.







Mara Romero y Juan Manz

En Cócorit, municipio de Cajeme, está la casa de los yaquis. Es un museo. Vive allí la historia, un recuento de sus costumbres. Hay una enramada en un patio grande, un álamo también inmenso, un columpio de cuerda y madera, hay también el itinerario para la poesía, las conferencias, conversaciones continúas sobre la literatura que es arte.



Domingo apacible y cielo azul. Una hornilla que ya enciende el candor con los leños, y el talento para construir tortillas también se enciende desde las manos de una cocinera oriunda de Cócorit.



Mientras las palabras se cocinan en las mesas de lecturas, el wakabaque, que es un platillo tradicional de la etnia, se cuece de a poco. También en una olla está el chile en hervor sobre la carne. Domingo feliz y de clausura. Inicio de semana para saber que el Octavo Encuentro de Escritores Bajo el Asedio de los Signos, concluye.



Las miradas se llenan de gratitud. Las miradas son, de los escritores, hacia los otros escritores, hacia esos, los anfitriones, los de las horas de lucha en organización: Juan Manz, Mara Romero, Ismael Serna. En el Museo de los Yaquis, ofrendas de palabras, convergencia de ideas y el mismo deseo: llegar a un noveno encuentro Bajo el Asedio de los Signos. Que así sea.
José Luis Amparo González

Octavo Encuentro Internacional de Escritores 2010

“Bajo el asedio de los signos”.
Era el día veintinueve de octubre, hacia las inmediaciones de la caída del sol por la empinada cuesta de la tarde, bordeando la ladera este para llegar al frontispicio sur del Museo Sonora en la Revolución primera sede del Octavo Encuentro Internacional de Escritores 2010 Bajo el asedio de los signos en alusión a un verso de Octavio Paz (Repaso nocturno).

Arribé por unos estrechos pasajes hacia la parte posterior, a donde se accede a una estancia de tamaño mediano que estaba repleta de sillas para la ceremonia, en cuyo fondo había un estrado con manteles largos y en su ala norte una pequeña fuente que fluía…de primera instancia avisté a Mara Romero ocupada en sus afanes de organizadora del encuentro que nos daba la bienvenida, luego nos regalaron una bolsa que contenía las memorias del encuentro previamente editadas, una camiseta con el logotipo y una taza como recuerdo del evento. Ya estaba por allí quien luego supe que era Laura Delia Quintero poeta y David Cibrian narrador que coincidentemente es nayarita, y de Ruiz, y de El Venado para más señas.

En la mesa número 1 como expositor, abrió Daniel Camacho de la narrativa sonorense y gran señorón abuelo cuenta cuentos, quien nos enfrentó con un toro que comía pétalos, le siguió Mario Meléndez poeta chileno, quien tenia un gato escribidor de poemas excelentes, de acento nerudiano, se lo hice saber y me regaló una estrofa de Alturas de Macchu Picchu, Pablo tenia una voz más cancina, aclaró.

Luego Alejandro Campos de la ciudad de México, quien nos leyó sus poemas concisos. Después su servidor Jose Luis Amparo González con un fragmento del libro ganador del Premio Nacional de Poesía Amado Nervo 2010: Del desierto, de amplias reminiscencias sonorenses.



Enseguida se dio lugar a la inauguración del Encuentro Internacional de Escritores con la presencia de autoridades del Instituto Sonorense de Cultura, del H. Ayuntamiento Municipal, del Museo Sonora en la Revolución, del ITSON, de APALBA, de Escritores de Sonora, A. C. siendo enfáticos en reconocerle en merecido homenaje a Juan Manz su compromiso con la literatura y con los hacedores de la misma. En agradecimiento del mismo, Juan no pudo inicialmente articular palabra, porque la emoción del instante lo avasalló ineludiblemente…



La participación de la mesa número 2 arrancó con Mara Abdalá de la mismísima Villa Juárez, Sonora, quien nos platicó de un oso hormiguero succionador de masas encefálicas, luego David Cibrián que nos describe El cerro Volantín a donde no podía subir un cura perezoso y regordete a la par de su feligresía. Siguiéndole Jesús Martín Mariscal cajemense quien nos habla de un uxoricida impelido por su odio a la mayonesa, y Cristina Murrieta nada menos que de Nácori Chico, quien nos interpela: Soy mejicana, así con la jota/ con la que se escribe “jodidos”.

Se continuó con la presentación del libro: Matamoros: El resplandor en la batalla, de Silvia Molina de la ciudad de México, quien nos presenta al gran insurgente, brazo derecho del Generalísimo Jose Maria Morelos y Pavón.

Luego nos tocó en el ala sur del museo disfrutar la actuación de la Banda Marchante de Bellas Artes, de Guaymas, con sus uniformes en blanco y celeste y sus célicas bastoneras, para luego ejecutar un desfile inédito de narradores(as) y poetas en torno a la manzana del museo y en donde los instrumentos musicales dictaban su ritmo y su medida…



Día treinta de octubre, segundo día del encuentro con sede en el auditorio de la Biblioteca Pública, en la mesa número tres arranca Silvia Rousseau con su Busco caballero de edad madura en donde los hilos del ciberespacio se enredan y se desenredan hasta hacer una madeja de humor ultramontano.

Luego Mar Ruiz de la ciudad de México, poeta. Emilio Robles narrador y Alba Brenda Méndez poeta, sonorenses ambos.

Enseguida Eduardo Langagne de la ciudad de México, ganador del Premio de Poesía Aguascalientes y de la Medalla Juan Manz entre otros, para su conferencia dedicada a Pessoa: persona de múltiples poetas y dueño de los heterónimos más disímbolos.



Luego la mesa número cuatro de raigambre sonorense con Arturo Soto narrador cajemense, Carlos Sánchez, Miguel Ángel Avilez narrador de La Paz BCS, radicado en Hermosillo; Sylvia Manríquez narradora navojoense y Juan Diego González narrador guaymense que nos regaló Katy y el hada que vivía en la cajita de colores en donde nos habla de Kela el hada que duerme en la cajita de colores, abraza el color verde y es feliz.

La mesa número cinco con Edmundo Lizardi narrador de Baja California Sur, Miguel Manríquez poeta sonorense, Nylsa Martínez narradora de Baja California, Diana Espinal poeta de Honduras y Alfonso Orejel, sinaloense ganador del Premio Gilberto Owen 2008.

Luego fue la presentación de la Revista Blanco Móvil (en su 25 aniversario) por su fundador y director Eduardo Mosches de Argentina.



Mesa número seis con Karina V. Balderrábano, poeta de Baja California quien replica: porque aquí somos frontera de un país y no de dos/ esta ciudad no es España. Frank Meza, poeta sinaloense quien fue parte del jurado que me otorgó el Premio de los Juegos Florales Nacionales de Guamúchil el12 de febrero del 2010, y ganador el poeta sinaloense del Premio Clemencia Isaura, el mismo 12 de febrero. Hablamos en un receso sobre Residencia en la tierra de Neruda. Elia Casillas, poeta de Guadalajara, residente en Navojoa, quien nos leyó uno de sus extensos poemas de corte amoroso, Sandra Mortis, poeta sonorense quien nos revela una poesía desesperada, desenfreno que subyuga los misterios, y el escritor Ramón Iñiguez Franco (Quehacer Cultural) promotor ídem, dueño de una prosa que nos nutre el anima del anima como en sus Memorias de un cablista que las relata como una experiencia humana enriquecedora y al mismo tiempo reconfortante, de esas que le permiten a uno darse cuenta que aun anidan en el hombre las virtudes de lo bueno como imperativo categórico.

Mesa numero siete con Gloria Barragán (Gloria del Yaqui) poeta sonorense:

Niña sahuaro/ niña copechi/ canta/ cuando la soledad te agobie /canta cuando el colibrí no cante, Abdul Machi narrador cajemense, Laura Delia Quintero poeta de Mazatlán, residente en Hermosillo, ganadora en dos ocasiones de los Juegos Florales Anita Pompa de Trujillo: Amor/ más que decirse/ debe amoldarse en nuestros actos, Josefa I. Rojas y Esteban Domínguez, ganador del libro sonorense: novela y cuento.



Día treinta y uno de octubre, tercer día del encuentro con sede en el Museo de los Yaquis, en Cócorit, Sonora; la mesa número ocho con Inés Martínez de Castro, poeta sonorense, Ignacio Mondaca, sonorense, autor de Entrevistando a Bogart, Mara Romero, poeta cajemense organizadora del evento y devota de Arthur Rimbaud en cuyos versos campean Eros y Thánatos como en: Tu beso, olor a muerte, Jose Ángel Leyva, Vilma Edith Pérez (Ausencia de ti) y Eduardo Mosches poeta México-argentino como él se nombra, quien nos leyó Primaveras y algo más, un poema que convulsiona entre palabras lúbricas.

En el intervalo coincidimos con Ismael Serna poeta cajemense, organizador del encuentro de escritores Bajo el asedio de los signos, quien menciona tener su libro ganador del Premio Nacional de los Juegos Trigales del Valle del Yaqui 2009, en proceso de edición.



Luego vino la conferencia El múltiple Alfonso Reyes de la narradora y ensayista Paola Velasco de Xalapa, Veracruz.

La mesa número 9 con Martha Durazzo, poeta veracruzana quien nos habla en su poema de cómo se desborda el Nilo/ sobre calzadas bordeadas por ibis/ en donde nace el loto, Nelson González, narrador de Montevideo, Uruguay, quien nos relata Una noche, una vida, Flavia Cosma, poeta canadiense quien nos dice que Besado en la boca, el bronce de las estatuas se transforma en oro, Margara Russoto, poeta venezolana quien nos regala Ejercicio de polifonía, Sergio Valenzuela, narrador sonorense quien nos hace conocer en Consagración, a Valeria la desnudista del piercing en el pezón izquierdo, Irma Arana quien en La dama de negro nos aproxima a los días que flotan en el ambiente y Juan Manz que en Aguaje mayor, desde el topos uranos en que andábamos, en olor de poesía, nos vuelve de nuevo los pies a la tierra: Allá vas hermanito venado/ por entre las ramas del monte con tu sed.

Para pasar después al patio posterior del museo, donde después de un guacabaqui que no era guacabaqui, como lo explicó Daniel Camacho el abuelo cuenta cuentos, disfrutamos la contemplación de una danza del venado cuando pardeaba la tarde, y escuchamos con todos los sentidos el tambor dentro del agua, los ralladores y el sonido de los ténabaris y del cinturón hecho de pezuñas de venado.

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5FERIA DEL LIBRO CAJEME 2010


Tuesday, November 09, 2010

FESTIVAL DE LA PALABRA VI Encuentro de los que escriben con los que leen

FESTIVAL DE LA PALABRA


VI Encuentro de los que escriben con los que leen



11, 12 y 13 de noviembre

Casa de la Cultura Jurídica

Feria del Libro de Hermosillo 2010

Parque Madero y Parque Infantil

Hermosillo, Sonora



PROGRAMA

Jueves 11 de noviembre



AUDITORIO DE LA

CASA DE LA CULTURA JURÍDICA



9:00 Registro de asistentes

9:45 Inauguración





10:00 Mesa 1

José Luis Barragán

Ismael Serna

Cristina Murrieta

Iván Camarena



11:00 Mesa 2

Nelson González

Guillermo Munro

Norma Alicia Pimienta

Javier Munguía

Gloria del Yaqui



12:00 Mesa 3

Mara Romero

José Terán

Raúl Acevedo Savín

Carlos Valenzuela

Alba Brenda Méndez



13:00 Presentación del libro

Gracias, Señor Gobernador

Esther Carter

13:30 Presentación del libro

Y se lo llevó el mar

Silvia Rousseau



14:00 Presentación de libro

Javier Sicilia



RECESO



FERIA DEL LIBRO DE HERMOSILLO 2010

Parque Madero



17:00 Presentación de libros

Colección literaria Lengua de Camaleón

Universidad de Sonora.

Presenta: Raúl Acevedo Savín.



18:00 Conferencia Magistral

Mística y poesía con el poeta Javier Sicilia.



19:30 Presentación de libro

La sangre erguida

Enrique Serna

Presenta: Doctor Gabriel Osuna.

VIERNES 12 DE NOVIEMBRE



Sala Audiovisual de la

CASA DE LA CULTURA JURÍDICA

10:00 Mesa 4

Laura Delia Quintero

Iván Ballesteros

Raúl Verónica

Emma Ibarra de Verónica

Josué Barrera



11:00 Mesa 5

Beda Laura Domínguez

Blanca Rosa López

Emilio Robles

Margarita Oropeza





12:00 Mesa 6

Francisco González

Elia Casillas

Rubén Meneses

Imanol Caneyada

Esteban Domínguez

13:00 Presentación del libro

Poemas al margen

Juan Manz



13:30 Presentación del libro

La doncella del verbo

Alejandro Soriano Vallés





FERIA DEL LIBRO DE HERMOSILLO 2010



17:00 Presentación de libro

23 cuentos milenarios (edición bilingüe) de Miguel Méndez

Alumnos del COBACH rinden tributo al escritor Miguel Méndez



18:00 Charla. El libro infantil y juvenil como espacio lúdico

Con lo escritores de literatura infantil

Andrés Acosta y Antonio Malpica.



19:00 Conferencia magistral.

La leyenda negra de Sor Juana

Con el escritor Alejandro Soriano Vallés.






SÁBADO 13 DE NOVIEMBRE

AUDITORIO DE LA

CASA DE LA CULTURA JURÍDICA



10:00 Mesa 7

Ignacio Mondaca

Horacio Valencia

Luz Consuelo Córdova

Mara Abdala

Antonio Granados



11:00 Mesa 8

Miguel Méndez

Sergio Valenzuela

Miguel Ángel Bonillas

Flor de María Guedea

Conrado Córdova

Omar Cadena


12:00 PRESENTACIÓN DE CLUBES DE LECTURA

Sofía Rayas (Clubes de lectura de la Biblioteca de la Unison)

Adela Márquez, Nicacio Ramírez, Benjamín ________ (Club Colegio de Contadores)

Salvador Burruel (San Javier)

Club de Lectura Nogales

Club de Lectura Nácori Chico

Ana Martha Zambrano (Literapia)

Ricardo Laguna (Nogales)

Pamela Romero

Luz Consuelo Córdova

Salomón Risk (Navojoa)

Club de Lectura del ISSSTESON. Hermosillo.

Christel Álvarez, Paco Espinoza (Cd. Obregón)

Lupita Villalobos (Club Lectura Magdalena)

Czilena (Magdalena)

Beda Laura Domínguez (San Luis, R. C., Sonora).

Esteban Domínguez. (Club de Lectura “Las Villas”)

Cristina Murrieta (Colectivo Hia Tehuicatzi)

Pamela Romero (Colegio Alerce)



13:00 Entrega de Acervos a Clubes de Lectura

Poly Coronel, Instituto Sonorense de Cultura

Federico Castillo, Programa Nacional de Salas de Lectura

Emilio Robles, Escritores de Sonora, A. C.



14:00 Clausura a cargo de

Poly Coronel


FERIA DEL LIBRO DE HERMOSILLO 2010.



17:00 Presentación de libro

Escaso capital y mucha juventud

Empresarios españoles en Sonora, 1890-1910

(COLSON) Por la autora Ana Isabel Grijalva Díaz.

18:00 Presentación de libro.

Poesía en prenda (Mantis/ ISC/ UAS) edición bilingüe

Antología poética del escritor Abigael Bohórquez

Presentación a cargo del editor Luis Armenta Malpica

Inés Martínez de Castro.

7:30pm. Conferencia magistral.

Cien años de José Lezama Lima

Por el escritor Marcelo Uribe.
8:30 Convivio en el Área de Estar

De la Feria del Libro 2010.
Presentaciones de libros y

Espectáculos musicales

Feria del Libro de Hermosillo 2010

Parque Madero



Jueves 11



6 pm. Presentación de libro. Stand IMCATUR

Hermosillo: vida de un insurgente

Por el escritor Ignacio Lagarda Lagarda



9 pm. Área de estar.

La literatura a través de los corridos

Conjunto norteño y literario El libro abierto


Viernes 12


6 pm. Presentación de libro IMCATUR

Poemarios ganadores de los años 2009 y 2010

del Concurso de Poesía del Pitic y Reconocimiento Alonso Vidal



9 pm. Parque Madero/Área de estar.

Presentación de música acústica con el guitarrista Pancho Jaime.

Sábado 13
6 pm. Presentación de libro Stand del IMCATUR

Poemario Son de agua (poesía para niños)

Sergio Valenzuela, escritor galardonado de la Feria.
  
  9 pm. Parque Madero/Área de estar.

Rocktrova con la cantautora Diana Coronado.